Tres son multitud

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Autor
Sergio Guzmán L.
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El gobierno corporativo de Volkswagen lo componen veinte personas y el de Coca- Cola Andina, catorce. ¿Es posible cumplir razonablemente el deber fiduciario que tiene el directorio con tal número de miembros?

Sin entrar en disquisiciones tecno-jurídicas, entendemos por deber fiduciario corporativo la responsabilidad que tiene el directorio de actuar en representación de los accionistas, de sus patrimonios e intereses comprometidos en la empresa.

La experiencia y tradición enseñan que cuando las relaciones entre seres humanos exceden límites razonables, además de estériles, se hacen inmanejables. En un directorio de cinco miembros, las relaciones uno-a-uno suman 10. Es decir, un total de 10 conversaciones que procuran conocer en profundidad la agenda que cada interlocutor tiene en el directorio, y asimilarla con la propia. El ejercicio implica entender el bagaje cultural, la experiencia y tradición desde donde cada director habla, comunica y defiende sus ideas, recreando ambientes apropiados para la reflexión y el debate corporativo. Estas relaciones totalizarán 21 en un directorio de siete miembros.

Cuando nació nuestro tercer hijo hubo un cambio importante en nuestra vida hogareña, situación que con mi mujer asociamos a estímulos que hoy evalúo en forma distinta.

Hasta entonces, nuestras dos hijas mayores se relacionaban entre sí de manera activa, entusiasta y muy potente, pero la relación era una sola, de ida y vuelta. Con la llegada del nuevo integrante sus relaciones se dispararon. El niño debió comunicarse con cada una de ellas por separado, vínculos que se adicionaron al que ya existía entre ellas. Así, de una sola relación interpersonal pasaron a tres: un incremento de 200% con sólo 50% más de hijos.

El grupo familiar francés AFM -con seis generaciones a cargo, mil accionistas y ventas retail superiores a un billón de euros- resolvió que sus directorios sean integrados por cinco personas y con un máximo de siete, ya que en número mayor obstaculiza las necesarias confianza y sincronía entre los directores. Stafford Beer -pionero mundial de la cibernética que en los ’70 ayudó a implantar en Chile un novedoso proyecto coordinador de las empresas estatales de la época- sentenció que un buen equipo directivo no debiera estar conformado por más de siete personas.

El gran desafío de los directorios en Chile y el mundo es cambiar su mindset para transformarlos en complemento de la Administración y no en sustitutos del gerente general, como ocurre hoy universalmente. Esto requiere un funcionamiento corporativo con capacidad de anticipar situaciones, diseñar estrategias y lograr acuerdos a través de la reflexión, de la conversación y el debate corporativo.

La sincronía implica armonizar estilos individuales de cada director y potenciarlos, invirtiendo en ello tiempo de calidad que genere relaciones interpersonales de entendimiento y confianza. Si el directorio lo integran 13 personas, el número de relaciones interpersonales uno-a-uno asciende a… ¡78! Huelga decir que no hay tiempo ni recursos que lo permitan y que tal situación obstruye, además, el desempeño fiduciario de los gobiernos corporativos.

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