Opinión: Más negro que blanco

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Autor
Sergio Guzmán L.
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El pescado se pudre por la cabeza, dice el viejo proverbio chino. Blanco y Negro (B&N) es un muy buen ejemplo de cómo el mal gobierno de una empresa incuba el fracaso de una iniciativa que comenzó en medio de auspiciosos pronósticos. 

Por azar me correspondió formar el equipo profesional que permitió levantar la quiebra de Colo-Colo. El objetivo se concretó gracias a la exitosa y compleja gestión de quienes me acompañaron con excelencia en este proceso: LarrainVial y el estudio jurídico Guerrero, Olivos, Novoa, Errázuriz. La travesía para lograr coronar esta colocación de las acciones del club entre doce mil accionistas fue por avenidas diversas que comprometieron finalmente las voluntades de legisladores, acreedores, periodistas especializados, profesionales chilenos y extranjeros de primerísimo nivel y también de la corporación, liderada generosa y hábilmente por Eduardo Menichetti. 

Fue en este proceso de negociación del contrato de concesión con la corporación donde tal vez se subestimó, en la sustentabilidad en el mediano y largo plazo de B&N, la participación activa de los socios de Colo-Colo. Ellos, de alguna manera, quedaron marginados y a disposición del juego de poderes de la corporación y su derecho de disponer de dos sillas dentro del direcorio.

Constituida la mesa de B&N por siete directores profesionales y dos representantes de la corporación, se inició un nuevo desafío: intentar poner en práctica lo que había sido nuestra promesa, o sea, el plan de negocios de B&N. Piezas fundamentales de esta promesa fueron formar un directorio abocado a perseverar en la visión comprometida, junto con un gerente general que fuese el líder y comunicador, rol que rompía con el personalismo propio de esta industria que había hecho de los presidentes figuras personalistas y veleidosas; la renovación completa del estadio, capaz de convocar con seguridad y confort a los millones de hinchas de Colo-Colo; el reencuentro con la hinchada, a partir no sólo del desarrollo del primer plantel y las divisiones inferiores, sino de rescatar y resaltar las raíces mapuches que con orgullo un nuevo museo llamaría a honrar, rescatar y desarrollar como la diferenciación de marca que de manera única tenía el club tanto en su posicionamiento local como en su potencial internacional.

Más allá de las dificultades previsibles de esta incipiente empresa, donde la fiesta deportiva del día del partido cedía paso a la implacabilidad de una hinchada sedienta de triunfos de corto plazo, este primer directorio tuvo en su corta vida aciertos y desaciertos. Entre los primeros, la sustitución del mítico entrenador Mirko Jozic y la osada contratación de Claudio Borghi, entrenador que permitió reconfigurar sicológica y futbolísticamente al plantel, que contaba con figuras potenciales que el tiempo y las arcas de B&N dejaron de manifiesto. El gran error, estimo, fue no acometer el desafío sobre el que se basaba la estrategia fundacional: renovar el estadio, pilar indispensable para hacer de Colo-Colo una empresa de entretención de primer nivel. Es cierto que las estimaciones de recursos excedían lo previsto originalmente, pero esta obra habría ayudado a proteger la coherencia del resto de las promesas, la mayoría de las cuales tenían que ver con estilos y cambios de cultura en la industria del fútbol chileno. 

Atenuante de este primer directorio fue su fragilidad institucional, ya que carecía del poder accionario para poder proyectar su quehacer en el tiempo. A corto andar, la propiedad se concentró en algunos accionistas que legítimamente quisieron ejercer su poder y que no reconocieron en los fundadores mérito para seguir influyendo en la implementación de la visión, comprometida en su origen con el solo respaldo de las ideas.

La historia que sigue es una historia que termina revalidando las mismas prácticas que el proyecto prometía erradicar, y cuyas consecuencias sólo se retardaron en llegar mientras B&N cosechó los frutos de los activos futbolísticos revalorizados por el impulso inicial. 

Tal vez la mayor falta de un directorio sea la de confundir labores que le corresponden al gerente general con aquellas propias de su rol. Los directorios en Chile tienden a caer excesivamente en interferir en la ejecución de la estrategia, invalidando o depreciando a su administración, sin poder salir de la contingencia y así desarrollar y mantener una capacidad reflexiva que les permita anticipar riesgos y oportunidades estratégicas. En el caso de B&N, quienes han ejercido el cargo de presidente del directorio no se han querido desapropiar del atractivo que resulta ser figura estelar de la noticia e imagen del poder. Lo más lamentable ha sido que este mal funcionamiento del gobierno corporativo de B&N se ha hecho por parte de empresarios distinguidos que, lejos de mantenerse en segundo lugar, han quedado sobreexpuestos a una crítica justificada de un pueblo colocolino que hoy les exige renunciar a seguir desvalorizando al club de sus amores.

¿Es posible refundar B&N?

Sólo en la medida que haya una renovación ordenada del control, que permita construir un gran pacto de accionistas controlador que le dé estabilidad y horizonte al desarrollo de la empresa, al que concurra idealmente la corporación. Por otro lado, también es importante masificar la condición de socios que, en asociación con beneficios por parte de B&N, permita reencantar a los hinchas y generar una base sobre la que se sustente el plan de negocios y, asimismo, impida que la corporación sea manipulada por una veintena de dirigentes y líderes de las barras. Por otro lado, es crucial volver a las raíces constitutivas de un sano gobierno corporativo, donde el directorio de B&N contrate a un muy buen gerente general, que lidere y sea el portavoz de la empresa. Por último, es necesario buscar con  tiempo un nuevo aumento de capital que permita resolver estructuralmente los déficits de infraestructura, que adolece la empresa y que le impiden formar adecuadamente a los niños y jóvenes del futuro y que,por sobre todo, impiden que el día del partido se transforme en una fiesta compatible con los estándares que la moderna industria de la entretención exige.

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