Empresas B, Directorios B

Foto Blog
Fecha Blog
Autor
Sergio Guzmán L.
Cuerpo Blog

A diferencia de las empresas tradicionales, cuyos resultados se sustentan prioritariamente en variables económicas, las denominadas Empresas B incorporan en su ADN las dimensiones económica, social y medioambiental.

El deber fiduciario del directorio de una empresa tradicional obliga a incrementar el valor económico de la compañía y, con ello, el patrimonio de los accionistas.

Cualquiera otra consideración que distraiga este enfoque estrictamente financiero, por loable que fuere la iniciativa, corre el riesgo de ser objetada por uno o más socios, sin importar la participación individual que tengan en la propiedad de la empresa. El deber fiduciario en una empresa B, en cambio, considera un conjunto más amplio de indicadores. A las variables económicas suma aquellas vinculadas a materias sociales y medioambientales, cuyos frutos tardan más en concretarse. Sus directorios son responsables de instalar en la organización una cultura que integre esas tres dimensiones con los principios de lealtad, esmero y coherencia exigibles a un buen gobierno corporativo.

Mi experiencia como director de empresas B y mi cercanía con varias indica que la mayoría conforman sus directorios de manera tradicional: entre cinco y nueve integrantes que se reúnen una vez al mes, con agendas y prácticas no muy distintas a las de empresas no B. Sus conductas obedecen a personas que, no obstante los deseos de mirar hacia universos de más largo plazo, son hijos de la cultura predominante en nuestros días y no saben hacer algo muy distinto a los estándares que conocen. Los conductores de estas empresas no son “directores B”, sino personas bien intencionadas que se encuentran en todo el abecedario corporativo: de la A a la Z.

Para avanzar hacia un verdadero funcionamiento B, el directorio debe manifestar explícitamente los principios, formas, procesos y estilos que inspiran su tarea. El discernimiento debe conducir a la armonización de los factores lucro, medioambiente y comunidad, propósitos que suelen rivalizar entre sí. Pero nuestra realidad demuestra que las empresas B, como muchas tradicionales, han transformado sus directorios en espacios que reúnen a profesionales aptos para generar redes y/o financiamientos, objetivos legítimos y necesarios que debieran ser canalizados a través de instancias ejecutivas distintas a la finalidad de un buen gobierno corporativo.

Ser empresa B significa un mayor compromiso para sus directorios. Junto a las responsabilidades legales con sus accionistas por los resultados financieros, deben cuidar que la organización genere los frutos sociales y medioambientales que las identifica. En concreto, seria surrealista que el solo hecho de declarar ser distintos permita transformaciones tan radicales como las que soporta el papel.

COMPARTIR: