El Rey Arturo ¿Inglese en Sudamerica?

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Autor
Sergio Guzmán L.
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Así como las civilizaciones tienen singularidades históricas que las identifican, también la idiosincrasia de pueblos y naciones está determinada por la reiteración de conductas que forman su cultura.

El Reino Unido tiene una larga historia de predisposición al debate público, libre y ordenado, a veces áspero pero cuidadoso de las buenas maneras. El fairplay, valor que suele acotarse a competencias deportivas, es para los británicos un comportamiento exigible en cualquier disputa, sea para corregir, adecuar o conservar lo que tienen. Las míticas leyendas del Rey Arturo dan cuenta de una mesa redonda que congregaba a los más importantes señores del Reino en un brainstorming de consultas, ideas, proposiciones y acuerdos sobre temas indicados en la convocatoria real. Así, un conjunto de caballeros, sin armaduras ni jerarquías interdependientes, premunidos de conocimientos y experiencias individuales, se reunían alrededor de una mesa para reflexionar, debatir y resolver en conjunto. Los resultados obtenidos en estas deliberaciones, transformaron a Inglaterra en el país más poderoso del mundo, logro que el Rey Arturo no habría soñado acudiendo sólo a sus potestades absolutistas o aptitudes personales. Las "mesas redondas", pioneras en el debate corporativo, encontraron eco en los directorios ingleses, evolucionando hacia los estándares de buenas prácticas acogidas hoy internacionalmente.

Y en Chile, ¿Cómo estamos? ¿Cómo manejamos los disensos, las dificultades, nuestras distintas miradas con respecto a un mismo tema, y al sinnúmero de situaciones que debieran ser objeto de reflexión y debate en el seno de los directorios? ¿Hemos logrado internalizar esta visión corporativa de los británicos que implica vencer el miedo a deliberar en grupo, escuchar opiniones divergentes, analizarlas, buscar consensos y tomar decisiones colectivas?

Son pocos los directores conscientes que una parte de la solución es trabajar de manera distinta. No me refiero únicamente a la adopción de algunas normas y protocolos que la NCG N° 385 dispone para los gobiernos corporativos, sino también a procesos nuevos que fomentan y dan valor al trabajo en equipo de pares convocados para la reflexión, tal como lo intuyó el Rey Arturo.

Muchas actitudes y respuestas que parecen incontrovertibles, revelan patrones de conformidad irreflexiva, de inercias que eluden la disensión y la deliberación orientadas a construir consensos, conductas impropias en personas cuya tarea común es procurar los mejores resultados para la empresa. Bajo estos parámetros, los directorios son consejos coordinados, juiciosos y deliberativos, conscientes de su integración colegiada y de su misión "corporativa". Ello implica directores flexibles e inquisitivos, prestos a escuchar, preguntar y debatir, y renuentes a la adhesión acomodaticia de posiciones predominantes.

De hacerlo, podremos decir con propiedad que los directorios chilenos son "los ingleses de Sudamérica".

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