El fenómeno de la muñeca

Foto Blog
Fecha Blog
Autor
Sergio Guzmán L.
Cuerpo Blog

Las investiduras y trayectorias pública y privada de quienes entregaban y recibían regalos de Asexma, reunían los requisitos personales que se consideran válidos para integrar un directorio: ministros, parlamentarios, pre candidatos a la Presidencia de la República, altos funcionarios del Estado y el presidente del gremio que convocaba. El trofeo al Ministro de Economía -la indolente muñeca erótica- no fue una improvisación o simple humorada. Fue una decisión resuelta por varias personas, incluidas algunas mujeres, según ha dicho el presidente de Asexma.

Las imágenes y videos que han dado la vuelta al mundo reflejan la algarabía del momento. Arriba del escenario todos, sin excepción, ríen, aplauden y celebran de buena gana -¿había otro motivo para celebrar?- el ingenioso trofeo. Recién, cuando las redes sociales viralizan la situación, los involucrados reaccionan, primero, procurando adhesiones a su buen humor. Como no tienen éxito, acusan que fueron "sorprendidos" con el regalo. Y como tampoco les creen, ofrecen disculpas. Claro, saben que han protagonizado un numerito que afecta negativamente su reputación.

Pero el episodio no bastó para que el directorio de Asexma aceptara la tibia renuncia de su presidente, anfitrión y protagonista del evento. Los directores optaron por ratificarlo en sus mismas funciones, valorando más una trayectoria y sentimientos de afecto que su responsabilidad corporativa de reparar daños y de restituir la reputación del gremio.

Este fenómeno -la extravagancia al ponderar conductas o personas- es frecuente en los ámbitos políticos, económicos y sociales más diversos. También en los directorios. En Chile y en países desarrollados, comprobamos que la adulación irreflexiva es una constante en muchas empresas. Los halagos se desmoronan cuando los mismos aduladores son luego sorprendidos por la constatación de prácticas colusivas, arbitrarias o, de frentón, fraudulentas al interior de la compañía. Se percatan de tales conductas cuando observadores externos, el público consumidor o algún hecho puntual las devela, dejando al descubierto su ineptitud para visualizar situaciones tan evidentes como groseras.

Lo anterior responde a un rasgo constitutivo de nuestra naturaleza biológica: cuando ponemos foco en algo específico oscurecemos los demás. Ellos vuelven a iluminarse al reconocer su dimensión en el contexto global, aunque es una reacción casi siempre tardía. Es un fenómeno de naturaleza individual con manifestaciones análogas en grupos o equipos sin entrenamiento en prácticas que los previenen. La única manera sustentable de evitar este cautiverio de focos excluyentes, y de minimizar el riesgo que implica transitar a ciegas, sin una visión más amplia y universal, es la reflexión, ejercicio permanente, necesario e ineludible de un buen gobierno corporativo.

Entre las herramientas que los directorios disponen para flexibilizar sus múltiples miradas, están los procesos de autoevaluación y construcción de una agenda anual. Tales procesos permiten a los directores exponer sus propias certezas, compartirlas y retroalimentarse con las visiones de sus pares, anticipar situaciones y acotar al mínimo las incertidumbres propias de todo emprendimiento.

Situaciones agraviantes y de pésimo gusto como “la muñeca” no se resuelven con excusas atiborradas de estupor, inocencia o jocosidad, enunciando “códigos de ética”, o con súplicas colmadas de contrición. Para prevenirlas se requiere de procesos que generen una cultura corporativa capaz de minimizar los efectos de un elefante meneando su trompa en una cristalería.

COMPARTIR: