Directorios: Reflexión sin ataduras

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Autor
Sergio Guzmán L.
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Entrevistado por un matutino, el ex presidente del directorio de SQM, Juan Antonio Guzmán, señala que todos los acuerdos corporativos de la compañía que él presidió durante un año, fueron adoptados por unanimidad “y créame -agrega- eso es ¡harta gracia!”.

¿Es meritorio per se que los directorios tomen sus decisiones por unanimidad? Sí, cuando el acuerdo es fruto de un trabajo serio y meticuloso liderado por el Presidente, logrando consensuar las apreciaciones de cada director o de los criterios predominantes. No lo es, cuando tal coincidencia responde a la apatía de directores que acogen irreflexivamente las propuestas de la Administración, o son obsecuentes a la voluntad de un controlador sin contrapesos.

Muchos directorios aprueban por unanimidad iniciativas que presentan buenos números, sin mediar una deliberación corporativa que dé a tales números la certidumbre y credibilidad necesarias. Es una rutina que refleja altos grados de inmadurez y desconfianzas para exponer puntos de vista individuales, discutirlos y alcanzar acuerdos; un hábito que propende al silencio cuando no aparecen argumentos sólidos para disentir y desestima el "olfato educado", potencial deseable en todo director de empresas.

Los buenos directorios asumen el debate como instancia natural e imprescindible de observación y análisis; un espacio armónico donde cada miembro expone sus ideas y proposiciones con libertad y honestidad, teniendo como único norte el progreso de la compañía en coherencia con los valores de su cultura empresarial. Siempre habrá criterios discordantes -algunos profundos, otros matizados- sobre temas que importan cambios radicales o de estilo en la conducción de la empresa, pero la controversia deberá ser resuelta a través de una participación reflexiva y no impositiva.

El debate corporativo es un arte que compagina dinámica, ritmo y sincronía. Rol del Presidente, similar al de un director de orquesta con sus músicos, es afinar a los directores con el tema en discusión, conciliar sus miradas y desacuerdos, y obtener una composición armónica con los objetivos de la empresa. El tiempo, recurso siempre escaso, deberá estar precedido por todos los antecedentes disponibles de la materia en tabla, incluidas las ponencias alternativas, si las hubiere.

Como en las disputas conyugales respecto a sus hijos -el acuerdo de la pareja a puertas cerradas lo comunican al crío sin involucrarlo en la discusión previa-, el directorio podrá debatir sin tener que hacerlo siempre ante el gerente general u otro ejecutivo que lo subrogue. Así, cuando adopte una decisión corporativa, fuere unánime o de mayoría, deberá comunicarla a la Administración como un “acuerdo de directorio” sin especificar el escrutinio, evitando que el gerente manipule la información para convertirse en árbitro de una controversia ya resuelta

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