Directores y el proceso de personas

Fecha Blog
Autor
Sergio Guzmán L.
Cuerpo Blog

Muchos de los hechos que han sorprendido negativamente a directorios considerados profesionalmente sólidos y bien parados, se explican, a mi entender, por la dimensión superlativa que se da a los procesos productivos y de información, descuidando el engranaje primordial por excelencia: el proceso de personas.

Hace más de cuatro décadas, Peter Drucker advertía que los directorios no funcionaban. El veredicto -apuntan sus seguidores- incentivó cambios, inicialmente impugnados por los establishment corporativos, que permitieron desarrollar espacios de encuentro entre los distintos niveles jerárquicos de la organización.

En las crisis que hoy viven las empresas, hay un elemento repetitivo: la resistencia de sus directorios a integrar el proceso de personas en sus estructuras de poder, considerando, quizás por ignorancia, que ello afectaría gravemente su autoridad.

Temen, en definitiva, compartir una parte de su jurisdicción con visiones de personas jerárquicamente dependientes. Pero la interacción entre directores, ejecutivos y trabajadores da sentido al proceso de personas, factor preponderante en la cultura de una empresa.

No son los procedimientos ni las reglas lo que motiva la acción humana, sino la orientación que cada individuo da a su propio actuar. Procedemos según nuestra propia interpretación de lo que es pertinente y válido hacer frente a una situación determinada. Así, lo que inspira y da sentido a las acciones individuales y/o colectivas en una organización, son las prácticas consistentes de sus directivos; y éstas, a su vez, revelan las prioridades del directorio, luego transformadas en cultura. Esos valores constituyen los principios que guían a las personas, y bajo tales parámetros adecúan sus acciones y conductas. Por esta razón, hay organizaciones en que se manifiesta la corrupción, y en otras no.

Las ingenierías industriales e informáticas son necesarias para controlar máquinas y datos, pero insuficientes para gobernar personas. Cuando la estructura del poder corporativo se sustenta en la obediencia reverencial y ésta, por distintos motivos, pierde vigor, sólo queda la esperanza de conservar lo que hay… hasta que aguante. Suelen aparecer, entonces, prácticas que ponderan logros cortoplacistas por encima de resultados sustentables.

Es tarea del directorio “poner el tono” con el que la empresa se relaciona consigo misma, con sus clientes, proveedores y competidores; la forma de construir y destruir alianzas, y su estilo de hacer negocios. Lo anterior, acorde con las definiciones básicas de su cultura empresarial y cambiando todo aquello que le sea ajeno o extemporáneo.

Recién entonces nos estaremos haciendo cargo de procesos de personas con visibilidad y foco para crear valor económico real y efectivo. Este proceso supone tiempos de calidad y recursos. Pero, antes, exige introspección, voluntad de cambio y el convencimiento de sus inmensas ventajas empresariales y corporativas.

COMPARTIR: