¿Colusión contra la presencia femenina?

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Autor
Sergio Guzmán L.
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La mayor presencia de mujeres en los directorios se ha transformado en bandera de lucha entre quienes miran con recelo al mercado y agrupaciones femeninas de amplio espectro. A juicio de estos sectores heterogéneos, el mercado no habría sido capaz de resolver la aparente asimetría entre hombres y mujeres en los directorios de empresas. Casi sin excepciones, la orientación seguida para encarar esta situación tiene el ingrediente ideológico predominante en cada país.

Socialdemocracias como Suecia y Noruega, también España, han legislado cuotas de paridad aproximadas al 40%. Sociedades más liberales, como la inglesa, se han opuesto reiteradamente a estas iniciativas. Lo mismo en los Estados Unidos de América, donde una mayoría significativa de mujeres rechazan un “presente griego” que pueda menoscabar su dignidad y mérito personal, valores que desean validar en la cancha, sin subvenciones al género. Esto, a pesar de los recientes informes de Standard & Poors 500 que muestran un magro 4% de los cargos gerenciales de primer nivel a las mujeres, y sólo un 25% de las posiciones ejecutivas y de nivel superior en las grandes empresas encuestadas.

¿Corresponde esta situación a un “cartel anti-femenino”? No me parece que la interrogante explique la evidente disparidad de sillones ocupados por hombres y mujeres en la mayoría de los gobiernos corporativos del mundo.

Esencia de un buen directorio es tener la capacidad de complementar las tareas ejecutivas y, solo excepcionalmente, sustituirlas. Con todo, para que el directorio sea un buen sustituto de tareas concernientes a cargos administrativos de primera línea, es deseable que sus miembros hayan tenido una trayectoria profesional de responsabilidades ejecutivas, ojalá como Gerente General. Es lo que señala la Superintendencia de Pensiones al fijar los requisitos necesarios para integrar el selecto grupo de directores elegibles por las AFP’s. Entre los candidatos hay pocas mujeres calificadas, porque son muy pocas las dispuestas a renunciar a mucho para emprender tareas administrativas o corporativas empresariales. Ellas ponderan la maternidad, su familia, sus hijos y una vida más integradora entre las múltiples dimensiones humanas.

Más que establecer por ley equidades de género que propenden al aumento de la presencia femenina en los gobiernos corporativos, el derrotero es fortalecer el rol de los directorios como complemento del Gerente General. Si el directorio, junto a su cometido supervisor en el que la experiencia ejecutiva es un plus, crea ambientes de cohesión donde las decisiones estratégicas son discutidas y resueltas de manera consistente; si sus debates admiten miradas diversas que nutren al Gerente General y enriquecen su labor en el resultado financiero; y si, además, constituye un espacio eminentemente anticipativo de riesgos y oportunidades para la empresa, entonces la mayor presencia femenina en los directorios será deseable e insustituible.

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