Refundar Gobiernos Corporativos de Empresas Estatales

Fecha Blog
Autor
Sergio Guzmán L.
Cuerpo Blog

Chile enfrenta hoy numerosas tareas en su camino para llegar a ser un país desarrollado.
Al crecimiento económico, la superación de la pobreza y las desigualdades, la creación de empleo, el mejoramiento de la calidad y del acceso a la educación y la salud, entre otras, se suma con gran urgencia la misión de modernizar el Estado a través del fortalecimiento de las empresas públicas.

Los 15 meses durante los que presidí el Consejo del Sistema de Empresas Públicas (SEP) me permitieron llegar al convencimiento de que Chile cuenta con la voluntad política para poder hacer realidad una exigencia ya no sólo de los tiempos, sino de aquellos organismos internacionales como la OCDE que, reconociendo nuestros avances como Nación, nos han incluido en el grupo de países cuyas proyecciones auguran un mejor futuro para sus ciudadanos.

No podemos entonces perder el rumbo, pues hoy podemos consolidar los avances de las últimas décadas que han permitido a nuestro país lograr una madurez, a través de la refundación del sistema de empresas estatal.
La tarea puede parecer irremontable por su nombre, pero está cerca de poder ser una realidad. Se trata nada más y nada menos que de volver a darle dignidad a las empresas públicas de Chile, para convertirlas en compañías de excelencia, cuánticamente más productivas y de las que los chilenos podamos sentirnos orgullosos.

¿Cómo se logra esto? Impidiendo que tanto el marco regulatorio como la constitución de estas empresas públicas las convierta en rehenes de los intereses políticos o de los gobiernos de turno. Y, ciertamente, logrando no sólo eficiencia en sus directorios, sino la excelencia tanto de sus integrantes como de su gestión institucional.

El primer paso es cambiar la institucionalidad y para ello urge modificar la Ley SEP, con el objetivo de que las decisiones que se toman respecto de las empresas públicas no cambien entre un gobierno y otro, realidad que hoy sólo contribuye a debilitar las gestiones de los directorios e impide que estas compañías desarrollen planes de largo plazo que garanticen su competitividad y aporte al país.

¿Qué nos dice la OCDE? Que en los directorios de las empresas públicas no debieran participar ministros ni tampoco otros funcionarios públicos; que no debieran tener condiciones competitivas distintas a las de sus empresas pares en el sector privado, como que estén liberadas de impuestos, porque mantienen un cierto monopolio en sus rubros o porque, mirado desde el lado contrario, están impedidas de hacer cosas que su competencia del sector privado sí puede realizar.

La refundación del sistema estatal demanda que el Consejo del SEP elija a 5 ó 7 directores por empresa y que el presidente y vicepresidente sean elegidos por los propios directores, lo que garantizará el trabajo en equipo y el reconocimiento de liderazgo por parte de sus pares, lo que hoy, lamentablemente, no sucede como debiera.

Actualmente, los directores duran muy poco, lo que les impide proyectarse. Además, tienen escaso poder y sus presidentes terminan muy poco empoderados, sujetos a los que decida la Dirección de Presupuestos y finalmente terminan capturados por la administración que los nombra y que tiene clara fecha de expiración.

Se trata de dotar a los directorios de las empresas públicas de la autonomía suficiente que permita que la inteligencia de estas compañías perdure y sea sustentable en el tiempo, sobre la base de un verdadero trabajo de equipo. Chile necesita un SEP moderno, autónomo, transversal en lo político y con patrimonio. Un SEP que se relacione con la Presidencia, con los ministerios de Economía y Hacienda y especialmente con la Dirección de Presupuestos en el marco de vínculos que le permitan resguardar la relación macro que tiene el impacto de las empresas públicas en el presupuesto público en: endeudamiento; politica de dividendos; y presupuesto de inversiónes. Un Consejo del SEP, tal como el actual, de nueve integrantes, ocho elegidos por el Parlamento y uno elegido por el Presidente de la República, que sea dirimente. Ese cambio generará un espacio democrático y tecnico, que permitirá que el Consejo del SEP adquiera ciertos y necesarios grados de libertad en todo lo que tenga que ver con asignación de recursos dentro de las empresas estatales y ademas evite el vacío político que dejo la constitución del gobierno corporativo de Codelco.

En resumidas cuentas, un SEP sustentado en una constitución democrática y estable en el tiempo, al estilo del Banco Central y que no excluya a ninguna de las compañías del Estado. El Chile de hoy, si de verdad quiere hacerse cargo de las empresas estatales, necesita que no queden fuera de la ley compañías como Codelco, BancoEstado, Enap y TVN.

Asimismo, no podemos desconocer que muchas de las empresas públicas chilenas sólo podrán llegar a ser buenas compañías estatales si es que hay una apertura hacia la inversión de privados. Sobre esto hay un temor que es legítimo, basado en ideologismos, respecto de que, para algunos, se debe privatizar todo. Pero Chile tiene las condiciones para llegar a grandes acuerdos políticos para impedir que ese sea el camino y que, por el contrario, la inversión privada sólo garantice eficiencia, garantizando el patrimonio del país, y sea un impedimento más para que las empresas estatales terminen capturadas por distintos grupos de interés o políticos de turno.

El gran objetivo, la tarea país, es preservar ya no sólo el patrimonio, sino el futuro y el aporte que hacen al país estas empresas que son de todos, pero, a veces, parecen no ser de nadie.
No es una fantasía. Se puede.

Refundar el sistema estatal, buscando la excelencia desde lo técnico a través de la independencia de lo político, permitirá que las empresas públicas de nuestro país vuelvan a tener un impacto de real trascendencia en la vida de los chilenos.

COMPARTIR: