¿Compraria acciones de Codelco?

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Autor
Sergio Guzmán L.
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Codelco es la empresa productora de cobre más grande del mundo. El precio del metal, si bien lo queremos más alto, parece razonable y con expectativas de subir en el mediano y largo plazo. Entonces, si fuere una compañía abierta a la bolsa de valores, ¿usted compraría acciones de Codelco?

A diferencia de empresas mineras equivalentes que en los últimos 25 años reinvirtieron 40% de sus excedentes en promedio, Codelco lo ha hecho en sólo 10%. Su razón deuda EBITDA es hoy más de cuatro veces, haciéndole muy difícil acogerse a este expediente de financiamiento.

Para mantener su nivel de producción a futuro, Codelco ha estado estudiando cinco proyectos simultáneos en los últimos años, los que suman US$ 25 mil millones, cifra que denota una falta de realismo sin parangón en la industria minera mundial. Pero intentó hacerlo y está pagando las consecuencias. Es cierto que parte de su precariedad financiera se debe a que 10% de sus ventas brutas se destinan por ley a financiar compras de material de defensa. Pero la eventual corrección de esta anomalía no soluciona el problema de fondo, cual es la forma en que se constituye su gobierno corporativo. Es el modelo que siguen las empresas estatales chilenas, con los pobres resultados que conocemos.

La crisis que la minera arrastra largo tiempo, obedece, en parte, a la prioridad contributiva de sus excedentes al gasto fiscal. Pero mucho más determinante ha sido la dependencia factual de sus directorios y presidentes ejecutivos al Gobierno de turno. En efecto, cuatro de sus nueve integrantes provienen de ternas propuestas al Ejecutivo por la ADP; tres son elegidos directamente por el Ejecutivo; y dos, entre una quina presentada por los sindicatos. Codelco tiene y ha tenido consejeros muy preparados, talentosos, con experiencia y prestigio profesional. Pero no es suficiente. El resultado es y seguirá siendo malo porque, una vez más, el problema radica en el diseño de su gobierno corporativo.

No hay motivos razonables para que los directores de Codelco no ejerzan sus funciones con la misma independencia y autonomía que la actual legislación exige a las empresas privadas que cotizan en bolsa. El nombramiento de su directorio -como el todas las empresas del Estado- debiera corresponder a un órgano técnico, políticamente transversal que tenga una visión corporativa sustentable y de largo plazo, ajeno a presiones político-partidistas. Es imperativo, además, que este órgano, con las características señaladas, sea la contraparte del Ministerio de Hacienda en las negociaciones sobre políticas de endeudamiento, inversiones, dividendos y otras materias críticas que las empresas estatales deber resolver sin afectar los equilibrios macroeconómicos del país.

Hemos dicho reiteradamente que una de las funciones básicas de todo buen directorio es saber anticipar; esto es, prever oportunidades y riesgos estratégicos coherentes con la cultura y objetivos de la empresa. Tal cometido supone facultades corporativas para priorizar y tomar decisiones con independencia y responsabilidad profesional. Entre ellas, a) elegir, evaluar y compensar al gerente general; y b) convenir visiones que promuevan un debate activo e inteligente, con unidad de propósitos, que acreciente el valor de la compañía, y vele por el interés y patrimonio de sus accionistas y stakeholders.

Acreditados los estándares corporativos mínimos exigibles a cualquier gran empresa, y esforzándome para superar aprensiones de invertir recursos propios en una empresa estatal, recién entonces analizaría la opción de comprar acciones de Codelco. De lo contrario, paso.

 

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